Ourense es una ciudad de inviernos húmedos, cerca del río y con niebla en el valle: la carpintería vieja lo paga en forma de condensación. Los pisos del Couto, A Ponte o O Vinteún se levantaron entre los años 60 y 90 con ventanas de aluminio sin rotura de puente térmico, marcos que en enero amanecen mojados por dentro y, con el tiempo, con moho en las esquinas. Cambiar esa ventana por PVC es la reforma que más se nota y la que antes empieza a notarse en la factura de la calefacción.
El PVC con perfil multicámara y refuerzo interior de acero, combinado con vidrio bajo emisivo y doble o triple cámara según la orientación, corta el puente frío donde se forma esa agua. Baja mucho la condensación del marco, sube la temperatura de la pared junto al hueco y el salón deja de tener esa esquina fría de siempre. En la zona alta de la provincia —Xinzo de Limia o la montaña— el altiplano pide directamente triple acristalamiento.
Y está el ruido: vivir sobre la N-525, junto a la estación o en la zona de vinos significa un ruido de fondo constante. Una ventana con buen cierre y el vidrio adecuado convierte un dormitorio a pie de calle en un dormitorio silencioso. Aislar del frío, de la humedad y del ruido es, en Ourense, la misma obra —y la hacemos hueco por hueco, con presupuesto cerrado por escrito.